| EL DIA QUE NOS COMIMOS UN GALLIFANTE Posteado por Javier Rubio. Comentaba en el último post que los planes para el Domingo eran un inocente paseo en bici por el lago y posiblemente una comida o cena en algún restaurante ya conocido para evitarnos sorpresas. Pues bien, parece que en China no hay lugar para los planes sencillos y sin complicaciones. A media mañana iniciamos nuestro paseo en bici, dirección: Ribera suroeste del Xihu (el famoso lago de Hangzhou que constituye la principal atracción turística de la ciudad). Todos muy animados para el paseo, salimos del College hacia las 14:00 hora local, llegamos a la puerta principal del Campus, previa foto de rigor frente a la estatua de Mao. Viramos a la derecha siguiendo la calle Yugu hacia el Sur por el estupendo carril bici con el que están equipadas las principales vías de la ciudad. El tiempo bastante bueno, otoñal y sin lluvia, temperatura perfecta, una pena que no se vea el sol. A unos 2 Km del punto de partida, la primera sorpresa, la cadena de mi bici se sale al saltar un bordillo (la calidad de la máquina no es muy buena, pero para los 20 euros que me costó, al menos rueda). Tras colocarla nuevamente en su sitio, alcanzo a mis compañeros unos 200 m más adelante, esperándome en un cruce. Optamos por el camino de la derecha, un acierto, puesto que nos lleva a la calle "LongJing", que bordea por el este las plantaciones del té del mismo nombre. Cuando uno está inmerso en semejante paisaje, paseando tranquilamente en bici, saboreando el sabor de la China que se imaginaba, lo que menos se espera es que se le vuelva a salir la cadena. Nuevamente la pongo en su sitio, pedaleo con fuerza para alcanzar a mis compañeros y, "Click", uno de los eslabones de la cadena se rompe.
A cuatro o cinco Km. del College, en la rural zona Oeste de Hangzhou y con series dificultades para hacernos entender en Chino, uno empieza a plantearse la posibilidad de mandar la bici a tomar por c, o cargar con ella a hombros hasta el Carrefour y ponérsela de pajarita al dependiente de la sección de bicicletas que se la recomendó. Y en esos momentos es cuando China te sorprende, aparece un hombrecillo vestido de uniforme (aquí en China eso no quiere decir nada, todo el mundo lleva uniforme paramilitar), y con expresión de interés y mucha amabilidad te indica que muy cerca (unos 200 m) hay un garaje de bicicletas. Con la siempre hilarante compañía de Antonio, me dirijo al taller cadena en mano y, a mitad de camino, otro operario (también de uniforme, por supuesto) me pide la cadena para ver si puede arreglármela. No le es posible, pero el gesto me sorprende y me pregunto qué haríamos en España si viéramos a un chino con su bici rota paseando por la calle, me da que nos descojonaríamos y poco más. Esta gente es distinta. Llego al taller y, en unos 30 segundos y por la exorbitante cantidad de "20 cts", el mecánico, ,que estaba echando la siesta el pobrecico, en su taller de 4 metros cuadrados, me arregla la cadena me la coloca, y nos ajusta los manillares a las bicis de los dos. Me ha agradado tanto la actitud de esta gente que con gusto le pago más del doble (5 yuanes, unos 50 cts de euro) y vuelvo con Antonio y una sonrisa de oreja a oreja, (yo que no sonrío ni en las fotos de las bautizos), a encontrarme con el resto del grupo, que descansa en la terraza de un restaurante donde planean comer. Así como en la ciudad conseguimos hacernos entender en Chino (a duras penas, pero lo conseguimos), en las afueras nos resulta mucho más difícil, y acabamos pidiendo "Chaofan" (Una suerte de arroz con verduras y huevo batido frito) que sabemos que es benevolente con nuestro sistema digestivo. Mientras esperamos la comida tenemos ocasión de presenciar una procesión de parejas de recién casados, curiosamente tanto ellas como ellos vestidos de blanco inmaculado. El Chaofan no falla, aceptable de sabor e inocuo como siempre. No obstante, en el restaurante vemos otros platos mucho más amenazadores, como el que se ve en este recipiente de cristal. Yo creía que era vino, pero al final no sé si se comía, se bebía, había que frotárselo por las ingles o qué, porque el camarero no paraba de decirnos (yo diría que con cara de susto) que no era para beber. Seguimos el paseo y un kilómetro más adelante mi cadena vuelve a salirse y a hacer ruidos raros. Empieza a llover, así que un pequeño grupo damos la vuelta mientras los más aventureros siguen camino para ver la pagoda del sur del lago. Aquí acaba mi relato de la excursión en bici, a lo mejor alguno de los que siguió la ruta se anima a postear el resto, yo me volví al College a paso de tortuga para no cargarme la cadena otra vez. Igual que hay aventureros en la bici, algunos somos más osados en la comida. Por la noche, por eso de no alejarnos mucho de la Universidad porque el Lunes empezaban las clases, decidimos ir a cenar a un restaurante que se estaba convirtiendo en habitual para nosotros. Y digo "estaba", porque tras la experiencia de anoche a mi se me han quitado las ganas.
El personal es amabilísimo, una camarera y un camarero corrigen nuestro chino, nos enseñan cosas e incluso posan para nuestros vídeos de aprendizaje culinario. Anoche, siguiendo la recomendación de uno de los camareros, decidimos improvisar en el menú y probar un par de carnes guisadas que no tenían mala pinta. La primera tenía un pase, aunque el aroma a anís para mí era excesivo, pero el segundo bicho que nos comimos… No se, creo que me ha hecho brotar pelo en el estómago, porque desde ayer vivo sin vivir en mí, o más bien, algo vive dentro de mí. Ese "algo", mata las horas en la oscuridad de mi cavidad abdominal jugando al fútbol con mi estómago, haciendo ganchillo con mi colon y amasando incesantemente mi duodeno. El bicho en cuestión no lo hemos podido identificar porque, a tenor de las explicaciones del camarero, lo único que se nos ocurre es que nos hemos comido un gallifante. Creímos entender que que era pollo y ternera, pero todo en la misma pieza así que, o a alguien se le ocurre otra cosa, o definitivamente nos hemos comido un gallifante. Adjunto una foto de la parte que me tocó a mi. Ya se que parecen unas pezuñas, pero juro que son totalmente desproporcionadas al resto del animal, así que me inclino a pensar que se trata de alguna articulación innominada, desconocida por la ciencia veterinaria. A ver quien se anima a explicárnoslo, para los que dominen el chino adjunto el nombre (en Hanzi y pinyin) de puño y letra del propio camarero para ver si algún alma caritativa lo reconoce y nos sugiere algún antídoto.
Por el momento nada más, que el alien de mi vientre empieza a pedir guerra. |