| LA BARBACOA
Posteado por Javier Rubio.
Una barbacoa tamaño pequeño: 4,8 euros Costillas de cerdo cortadas a machete: 4 euros Carne de ternera como para una boda gitana: 6 euros Carbón vegetal (una caja, cuyos excedentes desde entonces pernoctan bajo mi cama): 3 euros Pimientos, ajo, sal y otros condimentos: 2 euros La cara de los chinos viendo a un grupo de españoles asando carne en mitad del campus: No tiene precio.
El sábado, para celebrar el regreso de la expedición a Henan, decidimos darnos un homenaje de comida (y bebida) al más puro estilo occidental. Una barbacoa (la de verdad, la de carne, nada de verduritas ni berenjenas ni otras mariconeces…) Hacia las 20:00 con cierto retraso respecto al horario previsto, Isabel, Elena, Pedro, Javi y Victor, procedieron a adobar convenientemente la carne, un poquito de sal, ajo en abundancia y pimienta molida. Mientras tanto, el polivalente Antonio, que se ha convertido en nuestro chapuzas oficial, iniciaba una dura batalla contra la barbacoa, batalla que yo diría que quedó en tablas, porque acabó montándola, pero juraría que alguna pieza sobró y desde luego la estabilidad del trípode no era la cabía esperar.
Sin tener decidido todavía el emplazamiento de nuestra cocina clandestina, nos dividimos en varios grupos de reconocimiento que recorrieron la universidad a la caza de algún lugar "afallaízu" donde preparar la carne y poder comérnosla a salvo de miradas indiscretas. En todo el campus no logramos localizar una mesa o unos bancos adecuados a nuestros propósitos por lo que finalmente, y como buenos estrategas, buscamos el punto más alto, casualmente a la entrada de una residencia femenina. No fue una mala elección, no es que fuera un campamento romano, pero desde nuestra atalaya veíamos (y nos veían) la mitad de los chinos del ala norte del campus.
El carbón vegetal resultó inesperadamente humeante de forma que, como cabía esperar, una operaria de la universidad (supongo que sería la jefa del servicio de vigilancia de barbacoas de extranjeros, porque aquí uno puede encontrarse a los funcionarios más inverosímiles e inútiles del mundo), hizo acto de presencia, pero no para decirnos que apagáramos el fuego, no, eso hubiera sido comprensible, sino para decirnos que la moviéramos unos dos metros más abajo. ¿¿¿???. Como ya estamos habituados a este tipo de situaciones (léase diálogos de besugos), intercambiamos unas cuantas frases en chino con ella, me llamo tal, soy español, estudio chino, encantado de conocerla, me gusta tal cosa, no me gusta esto otro… y así un ratito hasta que la operaria en cuestión desistió de su intento de desmontarnos el chiringuito. Es curioso, visto desde el otro lado es muy divertido, pero a mi me jode sobremanera cuando algún chino me lo hace…me refiero a eso de que tú estés intentando explicarle algo y el tío te contesta lo que le da la gana, al final, después de media hora de conversación, te vas sin haber sacado nada en claro.
Bueno, una vez salvado el obstáculo de las autoridades locales, seguimos con la preparación de nuestra barbacoa, los españoles que estábamos por aquí: Javi, Pedro, Buho, Antonio, Elena, Isabel y Victor, y una amiga Checa que nos hemos echado, y que últimamente nos acompaña en nuestros eventos lúdico-festivos. Lo bueno de ser un pionero, y en esto de hacer fuego en el campus hemos sido los primeros, es que te catapulta a la fama: Creo que es la vez en que más chinos se nos han acercado a hablar con nosotros, alguna incluso se quedó un ratito y probó nuestra carne (la de la parrilla, of course), e hicimos al menos un par de contactos interesantes entre la población nativa.
Al final, nos quedó una barbacoa estupenda (no muy ortodoxa), pero que nos supo a ambrosía tras 5 semanas de comida oriental. Creo que por unanimidad decidimos repetir el ágape con cierta periodicidad, al menos una vez al mes, aunque me da que va a ser más a menudo.
Nada más por hoy.
Un saludo a todos.
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